“Fahrenheit 451”, ”1984”, “Un Mundo Feliz”

Debo reconocer con cierto rubor resignado, que pasando mis cuatro décadas de vida recién he leído estas tres obras literarias cuyos nombres son el título de este articulo; lo digo porque considero -no se por qué- deberían ser leídas en los bisoños años universitarios.

También tengo que hacer la salvedad que al igual que en el cine soy un profano conocedor literario, así que lo que pueda escribir sobre estas tres novelas no podrían pretender ser reconocidas como crítica literaria ni nada parecido -eso sería demasiado- solo pueden ser meras apreciaciones de un simple lector maravillado por ellas y deseoso de expresarlas.

Las novelas en mención son quizás las más emblemáticas del género o subgénero -no sé exactamente- de la literatura distópica. Debo reconocer también que no hace mucho desconocía tal tipo y temática de literatura y que me enteré o empecé a leerlas mediante la célebre entrevista que el enciclopédico y ya finado Marco Aurelio Denegri le hace al reconocido periodista Cesar Hildebrandt; este último afirma en aquella que “Fahrenheit 451” era uno de los mejores libros que había leído en su vida. Siendo consiente del caudal cultural de Hildebrandt me llamo la atención que podía tener ese libro para que genere tal apreciación en el periodista.

Procurando no caer en presuntuosas definiciones absolutas y pétreas sobre todo si se tratan de conceptos tan debatibles tendría que dar una definición de lo que entiendo es una distopia. Bueno, empezaría por su antónimo, una distopia es lo contrario a una utopía y ¿Qué es una utopía? Este término quizá el gran público si lo ha escuchado debido a un luctuoso accidente incendiario sucedido hace más de dos décadas en una discoteca de un exclusivo centro comercial limeño que tenía como nombre el concepto en mención. Etimológicamente utopía proviene del griego ou -no- y topos -lugar- es decir, un no lugar o un lugar inexistente, ideal y por ello irrealizable. Algo tan bueno y perfecto que por eso mismo solo puede ser imaginado, soñado e idealizado. Tomas Moro fue quizá bastante fiel a esta definición etimológica en su novela cuyo nombre es el concepto en mención. En ella Moro describe una sociedad perfecta en una imaginada isla de América que contrastaba con su real y decadente Inglaterra de su época. Los proyectos y discursos utópicos sirven para poner en énfasis la necesidad de conseguir justicia, igualdad, orden etc, en una sociedad. Por eso el pensamiento político de Platón expresada en su obra “la república”, “la ciudad de Dios” de San Agustín de Hipona y ya en la modernidad los proyectos socialistas y hasta fascistas podrían ser considerados como proyectos políticos utópicos, puesto que todas ellas de alguna manera u otra y de acuerdo a su percepción ideológica imaginaron hacer posible sociedades perfectas e ideales.

Siendo Lo distópico lo contrario a utópico ya podemos tener una idea de la definición del primero. Distopico es algo también imaginado e inexistente pero aterrador y negativo. Un futuro que se nos avizora invivible e insoportable. Para tomar como referencia el cine; las taquilleras películas de Terminator y Matrix tratan de aterradores mundos distópicos donde las maquinas han puesto en jaque a la humanidad, algo que con el auge de la inteligencia artificial cada vez se ubica menos en el campo de la ficción.

Pero entre utopía y distopia aparte de ser los reversos de una sola moneda hay una relación digamos casi perversa; porque una paradójicamente conlleva a la otra. Esto es a lo que a mi juicio tienen en común las tres novelas en mención: Todas ellas tratan de sociedades futuristas donde se ha llegado a un gran nivel de desarrollo tecnológico y están obsesionadas con el orden. Para ello han sacrificado al individuo y la moral individual. Este está diluido en la entelequia de lo colectivo. Y todo está dirigido a anular el pensamiento crítico y la divergencia. El libro arde a 451 grados Fahrenheit en la novela de Ray Bradbury “Fahrenheit 451” porque en esta distópica sociedad está prohibido leer porque la lectura promueve y desarrolla la reflexividad y por tanto la individualidad y eso es aterrador para el orden establecido. En “1984” de George Orwell todo esta vigilado por el “gran hermano”, que todo lo ve y lo sabe es una sociedad panóptica donde también el individuo es anulado a nombre de algo que se considera de más valor, la sociedad perfecta.1984 nos narra una sociedad policiaca y vigilada algo tan similar a los totalitarismos que crearon los socialismos realmente existentes en nombre de una sociedad igualitaria y perfecta. Y en “un mundo feliz” de Aldous Huxley la tecnología a permitido diseñar diferentes tipos de personas cada una ocupa su lugar en aquella sociedad, feliz de su categoría que le toco y no ambicionando ser otra cosa más, el dolor y las enfermedades han sido prácticamente suprimidos y existe algo llamado Soma; una sustancia que no trae efectos secundarios y que permite a los individuos de esa sociedad suprimir si por ahí presentan alguna angustia existencial propia de la individualidad. En las tres novelas el individuo es sacrificado por el funcionamiento del cuerpo social.

Con todo ello; que tan distopicos somos como sociedad; en el pasado no muy lejano los socialismos existentes en nombre de la sociedad igualitaria crearon verdaderos infiernos en la tierra, La Unión soviética, Europa del este, el nazismo etc. Todos ellos extremadamente colectivistas, totalitarios y policiacos. Por pretender hacer realidad las utopías terminaron haciendo verdaderas distopias.

Y hoy; donde el desarrollo industrial ha puesto en jaque nuestro medio ambiente, donde las tecnologías de la información paradójicamente nos han alejado de la cultura, la reflexividad y el pensamiento crítico, no es necesario hacer arder los libros a 451 grados Fahrenheit como en la novela de Bradbury, pero el objetivo de alguna forma se está haciendo. Los avances en la genética y la biotecnología podrían hacer posible la creación de los alfa, los beta y los tristemente felices epsilones como en la novela de Huyley haciendo que la diferencia entre ricos y pobres ya no solo sea económica y social si no insalvablemente biológica. El prozac y de más estupefacientes bien podrían ser los somas reales de la actualidad y del futuro. Y el big data y las redes sociales donde nosotros voluntariamente nos desnudamos socialmente y brindamos todos los datos de los diferentes aspectos de nuestra vida dando acceso a las grandes empresas y corporaciones para manipular nuestros gustos y preferencias para así vendernos sus productos o convertirnos a nosotros en productos bien pueden llegar hacer el gran hermano de “1984” que todo lo ve y sabe.

Estas tres novelas distópicas si bien son sociedades inventadas no están tan lejos de ser realizables al menos en alguna medida. De ahí su genialidad.

Por: Augusto Cárdenas
Sociólogo