Candidato Roberto Sánchez es rechazado en su visita a San Juan de Miraflores

No será un campesino —como pretende hacernos creer—, pero si algo cosechó esta mañana el candidato Roberto Sánchez, ha sido el rechazo de los pobladores de San Juan de Miraflores, quienes lo abuchearon y le arrojaron huevos y basura durante su visita al mercado Ciudad de Dios, en ese populoso distrito.

En su intención —quizás— de darse un “baño de multitud” y de reforzar la imagen de “hombre de pueblo” que su marketing (incluido sombrero) vende, el candidato llegó a San Juan de Miraflores e ingresó al mercado conocido popularmente como “Ciudad” a tomarse un caldo de mote. Olvidaría tal vez, en su entusiasmo, que este ha sido uno de los distritos en donde se presentaron retrasos y problemas para votar —por los que hoy, maliciosamente, se dice, él estaría en el segundo lugar—, además de ser también en Lima uno de los distritos en los que menor votación obtuvo.

Lejos del recibimiento esperado, lo que encontró fue un ambiente hostil. Comerciantes y vecinos del lugar, que no tardaron en hacerle sentir su malestar, increpándolo (con razón o sin ella), por la situación electoral, llegando incluso por momentos al choque físico por medio de empujones. Así, entre gritos y reclamos, la escena se tornó rápidamente caótica, obligando a su equipo de seguridad a intervenir para retirarlo del lugar.

Testigos señalaron que los insultos no cesaron durante todo el breve recorrido, mientras algunos presentes exigían explicaciones por las irregularidades denunciadas en los últimos días. Otros, simplemente, dejaron ver su rechazo sin mayor trámite, en una reacción que dista mucho de la imagen de respaldo popular que su entorno intenta proyectar.

El episodio ocurre en un momento particularmente sensible, en el que el país aún asimila lo ocurrido durante la jornada electoral y mientras se mantiene la expectativa por los resultados oficiales que definan el paso a una eventual segunda vuelta.

Lo sucedido en San Juan de Miraflores no solo evidencia el ánimo crispado de un sector de la ciudadanía, sino también el riesgo que enfrentan los candidatos al exponerse en un contexto donde la desconfianza y la frustración parecen haberse instalado con fuerza.

Porque cuando la política intenta mostrarse cercana, pero la realidad golpea con distancia, el mensaje que recibe no siempre es el que se espera. Y hoy, en las calles, ese mensaje ha sido claro.