
Me miré en tus ojos reí con tu risa, me aferré a tus manos caminé de prisa, pero nunca pude ganarle a la brisa, alcanzar tus pasos soñar tus premisas. Dos equilibristas por una cornisa, y allá abajo el mundo el rumbo de la lejanía. Tu creciste pronto buscaste salidas hacia nuevas sendas metas infinitas. Yo elegí la calma las verdes colinas, y el olor del río refrescando orillas. Pero todo en círculo gira en esta vida, y tal vez regreses quizás algún día. Traerás mil recuerdos de horas vividas, en tierras lejanas con tristeza o dicha. Pero es bien seguro que, contra porfías, revivirás horas que el recuerdo anida.