“Proclamación de la independencia” de Luis Alberto Sánchez Vásquez

Las nueve da la mañana
del veintiocho; y gris la llovizna
se apagaba; con el claror de fuego,
del corazón patriota del pueblo,
que engrosara filas en la plaza
mayor, ante el tabladillo
de San Martín el libertador;
del alcalde, y el gobernador,
del arzobispo, y los nobles
funcionarios, y militares.

Y el mismo sol de los incas,
de pronto más contento
desde lo alto irradió.
Cuando el libertador,
al oleaje de multitud,
la roja y blanca bandera, desplegó.
Roja y blanca en claro azul
de horizonte, con el vuelo
de aves marinas, como la vio
flamear. Mientras en playa
de Pisco, descansaba,
con el rumor somnoliento del mar.

Y con voz potente y pausada,
del Perú nuestro patriótico pueblo,
su independencia y libertad
proclamó: Por voluntad, general
de los pueblos con acta y firmas
ratificadas; y por la justicia de su causa,
que Dios mismo, defendía.

Y en alto la misma bandera, agitando
con un ¡viva la patria! ¡viva el Perú!
¡viva la independencia! su palabra
se elevó. Y volaron las campanas,
su bronce repiqueteando; y con música
alegrando, y cañonazos interminables
humeando; entre el rugiente entusiasmo
de la población, que después a la comitiva,
siguió: por plazas de la Merced,
Santa Ana y la inquisición,
avivando las proclamas
que daban las comitivas,
las de a caballo, y a pie.

Aunque mujeres, escasearan;
con indígenas y negros todavía
marginados, por prejuicios
de la época; y por cuyos derechos,
se tendría que luchar.
Y bailes y fiestas hubo, en toda la ciudad;
hasta la noche; y al día siguiente en Palacio,
con presencia de autoridades,
y el mismo Libertador,
que de la alegría del pueblo,
que rodeaba palacio; se contagió,
y hasta la marina bailó.